Minimas... Para llorar.
Para llorar, eso… literal… porque así me encontré el vestuario cuando aparecí, después de saludar, felicitar al rival y recoger los bártulos… Lágrimas, caras ocultas, vergüenzas… Es que nos acababa de dar un baño el último clasificado.
Y su lección fue, como en tantas ocasiones, de ganas, entrega, pelea..., y que sólo intentamos reaccionar en el último cuarto en base a correr sin rumbo.
Lo peor de todo… se lo auguré el día anterior. El viernes terminamos el entreno antes de tiempo porque no se merecían pisar la cancha, tocar los balones, usar las canastas… Y les comenté:
“Auguro, y ojala me equivoque, un mal partido mañana”
Y así fue. Por primera vez en mi historial he de marcar el día en que me volví a casa con todos los bollos… No hubo nada para premiar.
Ni siquiera pude llevarme la grata sorpresa (seguiré intentándolo) de tener a todos los jugadores a la hora. No lo entiendo… es el primer equipo con el que me ocurre… todavía no he conseguido que sean puntuales… y para mí es un detalle tan importante, tan importante que define a un equipo.
Fallamos en defensa, algo bastante habitual… Pero, es que en ataque fuimos un desastre. Nada de lo que habíamos comentado se intentó siquiera, nada de lo que se pidió en los tiempos muertos se corrigió…
Ejemplos:
Después de implorar seguridad en los pases regalamos tres pases seguidos al contrario (he dicho seguidos) porque alternos… perdí la cuenta.
Después de señalar que no se puede recibir debajo del aro hasta en seis ocasiones cometimos el mismo error.
Y… mejor no seguir.
Pero, cabreo aparte, que lo llevo tamaño king size, aunque, parte de culpa tendré yo… No puedo permitir lloros. Ya lo comentaba el día pasado y así lo trasladé a los jugadores… Esto es un juego y debe ser divertido, aunque sea fruto de un gran esfuerzo, o mejor dicho, si consigo algo, con esfuerzo, con gran esfuerzo, además de divertido, será enriquecedor y gratificante.
Insistiremos esta semana… y esperemos que esta derrota, sonrojante, sirva para mejorar.